Primero para saber que tipo de iluminación elegir debemos saber que es la temperatura de la iluminación.
La temperatura de color de una fuente de luz se define comparando su color dentro del espectro luminoso con el de la luz que emitiría un cuerpo negro calentado a una temperatura determinada. Por este motivo esta temperatura de color se expresa en kelvin, a pesar de no reflejar expresamente una medida de temperatura, por ser la misma solo una medida relativa.
Existe una explicación un poco más “seria”: Un cuerpo teórico llamado cuerpo negro, el cual no absorbería ni refleja ninguna frecuencia lumínica, es capaz de irradiar luz según aumenta de temperatura. A cada temperatura a la que se caliente dicho cuerpo emitirá una determinada longitud de onda (color) que tendrá una energía máxima. Esa sería la temperatura de color. Lo más parecido a dicho cuerpo son las estrellas, aunque éstas absorben una cierta cantidad de luz de diversos colores según sea su composición. De hecho, analizando el espectro de colores de la luz emitida por una estrella, se puede averiguar su temperatura y su composición en base a las líneas ausentes en el mismo.

Aunque aparentemente todas las fuentes de luz son blancas, esto no es más que una adaptación que hace nuestro cerebro, que en este sentido se comporta de manera parecida al modo de «balance de blancos automático» de algunas cámaras digitales y de vídeo. A veces pueden verse los diferentes colores de las fuentes de luz si ponemos distintos tipos de bombillas, fluorescentes o halógenos juntos. Entonces sí que notamos claramente que, aunque todos iluminan, cada una de las fuentes de luz aparece como de un color distinto. Una consecuencia práctica en la vida diaria de todo esto la tenemos en las tiendas de ropa, donde una misma prenda puede aparecer de color distinto dentro de la tienda (iluminación artificial, con una determinada temperatura de color) y fuera de ella (luz solar, con otra temperatura distinta). Y precisamente es en la fotografía para catálogos de moda e industriales donde más se mide la exactitud de reproducción de color, ajustando exactamente la temperatura de color de la toma, para evitar colores «falsos».
La unidad de medida es el Kelvin (K), a veces llamado grados Kelvin, y viene derivada de la teoría antes explicada sobre que los colores aparecen al calentar un cuerpo ideal, y que según la temperatura que alcance irradia unos u otros colores. Mientras que el cerebro humano equilibra la luz, los sensores de las cámaras digitales y la película fotográfica registran con diferencias palpables lo que realmente está ocurriendo con la iluminación.

3 tipos de luz LED según el ambiente
1. Luz fría: más de 4000k
Se trata de un tipo de luz LED con una temperatura de color por encima de los 5.000 grados Kelvin. Es una luz con tonos azulados, estimulante y perfecta para zonas donde se requiera una mayor concentración. Precisamente por eso, algunos de los lugares en los que comúnmente podemos encontrar este tipo de luz LED son los laboratorios, hospitales, en el sector retail y en zonas con mucho tránsito de gente. Sin embargo, no es un tipo de luz que se utilice en viviendas, restauración, oficinas y hoteles, ya que estos lugares requieren más bien un tipo de luz que invite a sentarse y pasar un buen rato de forma tranquila y agradable, y la luz fría no fomenta precisamente eso.

2. Luz cálida: 2700k o menos
La luz cálida está por debajo de los 3.300 grados Kelvin, y se trata de un tipo de luz LED con tonalidades rojas o naranjas que resulta esencial para crear un ambiente de relajación. Esta luz aporta la luminosidad suficiente como para ver con claridad, pero de una forma que convierte cualquier espacio en el lugar perfecto para descansar y relajarse, como ocurre con salones, habitaciones, restaurantes en las zonas de mesas y hoteles.
La diferencia entre utilizar unos tipos de luz LED u otros es grande, y explicaría por ejemplo por qué existen lugares que no nos resultan acogedores ni agradables, como un hospital, y otros donde apetece pasar el rato y descansar, como el salón de una vivienda. En este caso, la luz cálida es lo que aporta esa sensación de que un lugar sea acogedor, y, por lo tanto, la temperatura y la intensidad de la luz es lo que puede cambiar por completo las sensaciones que transmita un lugar.



3. Luz neutra: entre 2700 y 4000k
La luz neutra es aquella que se encuentra en torno a los 4.000 grados Kelvin y que tiene tonos que no resultan ni cálidos ni fríos. Se trata de una luz que también favorece la concentración, por lo que se puede encontrar a menudo en oficinas y zonas de estudio, pero también en espacios como cocinas o baños, donde la iluminación a primera hora de la mañana debe resultar estimulante.
Precisamente por esto, este tipo de luz LED también es muy utilizada en el sector retail tanto para crear una imagen atractiva de una tienda como para fomentar el consumo. Y es que la luz neutra es perfecta para resaltar colores y estimular a la gente (en lugar de fomentar la relajación y el descanso). Lo mismo ocurre en otro tipo de comercios como los de alimentación, donde no solo se necesita una luz que aporte visibilidad, sino también que ayude a presentar los productos de una forma apetecible mientras se incita a los clientes a realizar una compra.


¿Cuál es la diferencia entre luz cálida y luz fría?
Con estos términos estamos haciendo referencia a la temperatura de color de la luz. De forma resumida, podemos decir que es la sensación que percibe el ojo humano ante una luz, siendo cálida si predomina el color ámbar o fría si predomina el azul.
Esta característica designa la calidez o frialdad de una fuente de luz blanca. Un ejemplo que nos ayudará a entender este concepto es ver cómo reacciona el color de un metal según se va calentando. Cuando comienza a calentarse se vuelve rojo, luego naranja, amarillo, más tarde blanco, azul e incluso negro.
La temperatura de este metal, y por tanto la temperatura de color, se mide en Kelvin, y es a esta medición a la que debemos prestar atención cuando si buscamos una luz determinada para un espacio. Cuando compremos material eléctrico, tendremos en cuenta que los tonos cálidos son los que menos Kelvin tienen y los tonos fríos los que más.
La iluminación LED es idónea para la decoración led para interior ya que una de sus ventajas es que no se calienta, por lo que podemos colocarla donde creamos conveniente y no dañará la base sobre la que se apoya. Además, otra de sus características es que es regulable y puede cambiar de color, esta posibilidad nos ofrece la creación de ambientes dinámicos.
¿Qué tipo de iluminación LED escoger para decorar mi casa?
Recurriremos a un tipo de iluminación cálida en lugares en los que buscamos una iluminación suave. El salón (puede consultar nuestra guía de iluminación para salones) sala de estar, cocina, dormitorio o cualquier otro espacio en el que se desea una iluminación más tenue y acogedora. La luz LED cálida es más relajante para los ojos.
En la cocina lo más habitual es utilizar luz fría. Si la iluminación general es cálida, añadiremos una luz fría sobre la zona de trabajo ya que al cortar y cocinar es necesario ver con claridad en lo que se está trabajando.
Sin embargo, en la decoración nórdica que tanto sirve como inspiración últimamente, se prefiere apostar por una iluminación más cálida. Es una forma de buscar la calidez dentro del hogar en contraste con la temperatura, especialmente fría, del invierno. La decoración nórdica o escandinava se caracteriza por espacios diáfanos, claros, y despejados donde predomina el blanco y los elementos naturales como la madera o el hormigón. Es por este motivo, que en la creación de ambientes acogedores es la luz ámbar la que aporta la calidez.
Por otra parte, la iluminación con blanco frío tiene un aspecto más moderno y se adapta mejor a la cocina, encimeras de granito, azulejos y materiales similares.
En conclusión, la iluminación fría se adapta mejor a espacios en los que se desempeñan actividades más prácticas y la luz cálida favorece el confort de las zonas de estar. También puede combinarse ambos tipos de iluminación, por ejemplo, una luz cálida en el salón de estar, pero con una luz fría auxiliar, por ejemplo, en un flexo, que ilumine la zona de lectura.


